Legado de Alessandro Mendini: una referencia clave para los estudiantes de diseño

Alessandro Mendini (1931-2019) dejó de existir en febrero pasado, dando pie a la reflexión en torno a su legado como uno de los diseñadores más importantes que ha existido. Mendini estudió arquitectura en el Politécnico de Milán. Su interés por el arte venía de muy niño, porque creció en una casa en cuyos muros estaban las pinturas de Severini, Carrá, Balla: pintores del Futurismo Italiano. Era un hogar con una gran biblioteca, donde se escuchaba música clásica. Allí la conversación cotidiana era en torno a la cultura. Todo eso lo formó como un hombre muy abierto a lo nuevo, a lo multidisciplinario. Siempre se interesó en la filosofía, la escritura, las vanguardias en el arte y la arquitectura. Eso, sin lugar a dudas, impactó fuertemente en el desarrollo de su obra. Cuando se une a Ettore Sottsass para fundar el movimiento de la Arquitectura Radical, con Superstudio y Memphis, revolucionaron la visión de la forma y el proyecto. Era una contraposición a lo que había expuesto la Bauhaus, con la famosa frase de Mies van der Rohe “Menos es Más”. En contraposición, ellos proponían “Menos es Aburrido”. Querían volver al espacio calientito, al hogar que te acoge y envuelve. No querían más de ese espacio frío y minimalista, tan impersonal.


Mendini se inspiraba en la vida cotidiana, en las culturas de Egipto y de Asia, en el kitsch, el barroco, las lecturas de Marcel Proust, Kandinsky, y en los impresionistas. Toda su obra tenía una propuesta de color. Abarcó grandes edificios, paraderos de buses, estaciones de metro, monumentos urbanos, mobiliario, objetos, iluminación, relojes, vajillas, servicios de té, cafeteras, electrodomésticos, y un largo etc.


Alessando fue mi amigo. Lo conocí en 1989 en Milán, me lo había presentado Juli Capella, director de la revista española ARDI, que todos leíamos en esa época. Al año siguiente yo dirigía la primera revista de arquitectura, diseño y arte en Chile: se llamó DISEÑO. El cuarto número venía dedicado a la ciudad de Milán. Ahí lo entreviste en su estudio de vía Sannio y comenzó una relación de mutua admiración, que se fue acrecentando durante esos años, ya que por el Salón del Mueble de Milán — el encuentro internacional más importante de diseño— lo visitaba y conversábamos largamente. Salíamos a comer con amigos comunes, como Marco Zanini, Anna Gili, Javier Mariscal, Achille Castiglioni, Philippe Starck, y Alberto Alessi. Recuerdo cuando me llamó a Santiago para que invitara a Guillermo Tejeda, gran ilustrador, para formar parte de un proyecto con Alessi: 100% Make Up. Después lo invité a la III Bienal de Diseño de Santiago, al jurado del concurso Masisa y a un workshop en la UDP, donde había fundado la Facultad de Arquitectura, Diseño y Arte. Mendini era una persona generosa, abierta, muy inteligente y un poco sabio. A medida que avanzó en su edad, eso se fue acentuando. En 2013 hice una retrospectiva de su obra en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM), visitada por más de 22 mil personas. La última vez que lo vi fue el 2017 en su estudio de Milán. Después fuimos a comer con su hermano Francesco a un restaurante japonés que ellos habían diseñado. Hasta el final de sus días se mantuvo proyectando nuevas obras que siguieron sorprendiendo al mundo.


Los estudiantes de carreras asociadas al diseño, y los procesos creativos, tienen que investigar sobre él. Hay que buscarlo en internet y ver su obra, estudiar sus escritos y darse cuenta de la coherencia de su pensamiento. Los jóvenes pueden aprender de los maestros, y Alessandro Mendini era uno de los grandes, de esos que raramente forman parte del olimpo cultural de la historia.


Hernán Garfias, director de la Escuela de Diseño, Arte y Comunicación.



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