Columna de Karim Lela: "Teatro y Transformación Social"

Es difícil imaginar un mundo sin teatro, no porque sea algo que nos guste, sino porque refleja la cultura y permite comunicar en un espacio de catarsis la sociedad en que vivimos. Sus distintas formas de manifestación favorecen la reflexión y el pensamiento crítico, también provocan y distienden, creando un espacio de comunicación vital cuyo poder puede generar grandes aportes para el país.


Los avances en materia de infraestructura y creación de políticas culturales son un hecho y los aplaudimos. No obstante, la deuda de Chile con las artes escénicas demanda mayores esfuerzos, no por un capricho del gremio, sino porque su naturaleza misma aporta a la vida en sociedad.


Chile desaprovecha el potencial que esta actividad puede tener para el desarrollo, sobre todo en un mundo cada vez más tecnologizado, donde las habilidades blandas quedan relegadas por la dictadura del tiempo y la productividad. En este sentido, el teatro debiese ser incluido en los colegios como asignatura, idea que ya es pilotada por Fitam.


Su práctica conecta con lo esencial, con lo humano, con nuestros recursos comunicacionales para una interacción social virtuosa, mejorando la relación entre pares desde la empatía, algo que solo puede dar como resultado personas más felices.


Enaltecer a los próceres de este arte también es una tarea pendiente, muchos de ellos hoy reciben pensiones poco dignas y no gozan del reconocimiento y respeto que sí tienen exponentes de su talla en países que apuestan con más ímpetu por el desarrollo humano. Necesitamos políticas que los amparen, lo que representa un gran desafío.


Factores como estos generan que la decisión de estudiar teatro sea para valientes. Implica romper un paradigma que muchas veces parece instaurado, ya que se tiene la idea de que el artista no podrá tener un futuro digno. Desde mi perspectiva, se trata de juicios basados en la ignorancia, pero que se sustentan en la histórica falta de apoyo a una actividad relevante.


Afortunadamente, la modernidad y las actuales dinámicas sociales están abriendo nuevos nichos de desarrollo laboral. Uno puede ejercer haciendo teatro, cine o televisión, también se puede trabajar impartiendo clases, capacitaciones en empresas y en animaciones; estamos hablando de hechos.


Soy un orgulloso de ver cómo muchos titulados han creado compañías de teatro que se sostienen en el tiempo y han logrado ganar fondos públicos como el Fondart. También han creado empresas de doblaje y de animación, logros que son una realidad concreta en una carrera que merece tener un sitial mucho más importante en la sociedad.



Otras Voces

Cocina Chilena y sostenibilidad: el desafío está en la forma

AIEP Castro: una sede pionera para innovaciones tecnológicas