El poder de la voluntad: Titulado cuenta cómo pasó de vender dulces a trabajar en empresas

12-09-2022

“Cuando tienes talento comercial, puedes vender hasta piedras”, asegura Juan Aravena desde su parcela en Talagante.

A los 52 años, Juan Aravena puede decir con orgullo que es dueño de una exitosa y ascendente trayectoria laboral. Con pasos por Supermercado Almac, Seasin, Carozzi, Artel, CCU, MTS y Lincoln Electric, habiendo fundado una pyme de artículos de baño y cocina (Animisa), ha sabido forjar un destino excepcional entre aquellas personas que han crecido en hogares de menores.

Pasó por distintas organizaciones de acogida en su niñez y adolescencia junto a su hermano, una experiencia adversa, pero que no doblegó su espíritu.

“En el primer lugar me castigaron con golpes y en el segundo psicológicamente. Era una guerra interna, no podías tener calcetines si no dormías abrazado a ellos, o te los robaban. También tenías que saber defenderte porque te podían violentar. Me arranqué a los 15 años, me fui a la calle, estudiaba y tenía un negocio en el liceo al que iba, vendía dulces”, señala.

—¿Qué piensa que lo hizo salir adelante?

—Quererme a mí mismo, confiar en lo que yo estaba haciendo, no caer nunca en las drogas, que se ve mucho. Es fácil ingresar al mundo del robo, de la delincuencia, lo más fácil. Allá son todos hermanos, la gran mayoría están presos, están muertos o tuvieron una vida en que no se superaron. Solo sé de 15 hermanos que supieron crecer y son profesionales, pensando que éramos 500. Nunca probé el alcohol o un cigarrillo hasta los 18 años, siempre tuve temor hacia las maldades que existían. No quería que mi familia en un futuro pasara por lo que yo pasé y me tocó vivir.

EL PODER DE LA VOLUNTAD

Comenzó haciendo aseo en Seasin y como empaquetador en Almac. A los 20 años fue padre e ingresó como mercaderista y autoventa a Carozzi, empresa donde estuvo siete años. Paralelamente, terminó su cuarto medio a la edad de 25.

“Me fui profesionalizando con cursos y mucha personalidad. Después se abrió la oportunidad de hacer eventos”, afirma, dando luces sobre el denominador común en cada hito de su trayectoria: aprovechar las oportunidades para aprender.

Posteriormente fue contratado por Artel, donde fue ascendido a vendedor, organización donde permaneció seis años. Su constancia no fue en vano. Su nueva estación laboral fue CCU, empresa que valoró su talento y quiso contar con sus servicios. “Me llamaron para hacerme cargo de un proyecto a nivel nacional como coordinador, formando equipo de mercaderistas y merchandising”, explica.

En ese entonces, sus logros ya no eran solo laborales. En paralelo, su hija ingresaba a la universidad. Su constancia y actitud frente a la vida no solo lo beneficiaban a él. También se heredaba.

“Las posibilidades existen, el tema es qué tanto quiero yo creer en que tengo la capacidad. Cuando empecé me costó mucho superarme, lo he logrado con lágrimas de sangre. Nubo esfuerzos, no es trabajar ocho horas, es trabajar esas ocho horas y adicionar dos de estudio sobre lo que tú quieres lograr. La actitud es importante, no existen limitantes, los límites los coloca uno mismo. Puede que te caigas cuatro veces, pero lo vas a lograr”, expresa Juan.

FORMACIÓN SUPERIOR, UN NUEVO DESAFÍO

—¿Cómo parte su historia con AIEP?

—Estaba en CCU. Para mantenerme en el puesto necesitaba estudios. El gerente me dio esa posibilidad. Me propuse aprender, me sentía capacitado en lo que era práctica, pero no tenía lo teórico. AIEP Bellavista estaba cerca de la empresa.

Ingresó a estudiar en jornada vespertina y se tituló como Técnico en Administración de Empresas mención Marketing. “Me ayudó mucho. Con el título dupliqué mi sueldo”, asegura, pero lograrlo no fue tarea fácil.

“Me tocó la primera prueba de matemáticas y me saqué un 4, pedí otra oportunidad. Yo viajaba mucho, comencé a estudiar en el auto y en los aviones, en vez de escuchar música escuchaba las clases”, recuerda, sobre su primer encuentro con la formación superior, sobre los 40 años.

Con el paso de tiempo su etapa en CCU concluyó, pero llegó MTS: “Una persona que estaba estudiando conmigo me acercó esa oportunidad. Me ofreció tomar un cargo a nivel nacional en temas de ferretería. Cuando tienes talento comercial vendes hasta piedras. Luego del técnico, seguí con Ingeniería de Ejecución en Administración de Empresas mención Marketing. Ahí no solo se abrieron las puertas, sino también las ventanas”, confiesa.

Finalizó ambas carreras con excelencia académica.

HOMBRE DE FAMILIA

Mientras estudiaba en AIEP, su hija logró titularse. Hoy es parvularia y subdirectora de un jardín infantil en Talagante. “Mi gran regalo de vida fue darle una educación a ella”, comenta con emoción, la misma que lo embarga cuando habla sobre su compañera de vida, con quien ha sabido construir una relación de respeto y amor mutuo. Hoy tienen dos nietos.

“Después de 32 años seguimos juntos, es algo muy lindo. A veces le digo, amor, hoy en la noche te voy a esperar con un pisco sour, algo que antes nunca lo pudimos hacer, pero te prometo que cuando no podíamos éramos también felices, sabíamos disfrutar lo simple, son recuerdos muy lindos. Hoy podemos darnos el gusto de elegir qué comemos, hubo un tiempo en que solo nos alcanzaba para el aceite y el ají de color, pero para nosotros eso es un lindo recuerdo”, confiesa.

ANIMISA

Luego de haber recorrido el país durante ocho años trabajando para MTS, circunstancias de fuerza mayor le hicieron separar su camino del de la compañía. Renunció, pero al poco tiempo fundó la empresa Animisa, pyme familiar enfocada en la venta de artículos de baño y cocina.

“Tenía dinero y estaba buscando qué hacer. Comenzamos en el patio de mi casa, con dos vanitorios y cinco llaves. Partimos vendiéndole a la familia, luego a los de la villa y con las redes sociales ofrecimos más allá. Entregamos pedidos de uno, cinco, 30 muebles, tenemos un equipo armador. Compro todo en importación. Yo trabajo a 15 días, máximo 30. Esto lo manejo con el contador, tengo todo formal”, cuenta.

Cuando puso en marcha su pyme fue contactado por la multinacional Lincoln Electric, donde hoy trabaja a cargo del canal de ferretería y grandes superficies. “Llegué en un auto de alta gama del año a trabajar, me miraban extraño al principio. Me gusta lo que hago, siempre he tenido trabajos que me agradan”, asegura.

—¿Todos le agradan o usted tiene la virtud de ver lo positivo?

—Todo depende de la actitud. Uno busca lo que quiere, considero no ser moneda de oro, sin embargo se puede lograr trabajo en equipo.

—¿Qué piensa cuando mira hacia atrás en su historia personal?

—La experiencia de vida que a mí me ha tocado la veo enriquecedora. A mi mamá la vine a ver a los 15 años, no tengo rencor con la vida ni hacia las personas. Mi señora me ayudó mucho, es mi pilar. Siempre dije que quería trabajar en buenas empresas que me permitieran crecer y en un muy buen ambiente laboral. Tenía claro lo que quería lograr. Me decían que era soñador, pero tuve el ímpetu de terminar de estudiar. No tengo complejos en decir cómo comencé y lo que he logrado.

—¿Tiene algo pendiente que le gustaría superar?

—Tengo un tema fuerte con el inglés. Un tiempo compartí con una familia donde hablaban el idioma. Cuando volví al hogar llegué hablando algunas palabras en inglés. Lo primero que hacen es bajarte, es lo que más me bloqueó en la vida. Eso es feo en un hogar. Quiere decir que eres de otro status social y lo primero que hacen es bajarte al nivel de ellos.

—Su historia puede inspirar a otros, ¿Qué mensaje puede compartir con la comunidad AIEP?

— Si hoy fuese una persona que amanece en la calle, sin un peso, sin ropa, sin nada, simplemente buscaría algo para cubrirme, tomaría un baño, me detendría en la esquina y limpiaría los vidrios de un vehículo, por ejemplo. Podría tener 5 mil pesos en la mañana, podría desayunar y comprar un paquete de dulces, los vendería y tendría tres paquetes más y cuatro veces el dinero que invertí. ¡Puedes tener un crecimiento! No existe la necesidad de ser rico para emprender. La tecnología que hoy tenemos nos permite llegar a otros puntos. No es solamente lo económico, no es solamente tener cosas materiales, la mentalidad es importante, creer en uno, estudiar abre la mente.



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