HISTORIAS DESTACADAS: FELIPE GONZÁLEZ, UN GRAN RECURSO HUMANO LIDERANDO LA CRUZ ROJA

17-11-2021

El titulado de AIEP BUS es el primer voluntario de la institución de ayuda humanitaria en llegar al cargo de director ejecutivo.

Cuando Felipe González Godoy (28) era un niño decidió cargar una cruz. Siguiendo el ejemplo de su madre profesional de la Salud y su abuela -ambas voluntarias- ingresó en 2005 como un pequeño voluntario a la filial de la Cruz Roja en Colina, cerca de su casa, en el sector de Esmeralda.

Seguramente entonces, siendo un escolar con vocación de servicio, nunca pensó que 16 años más tarde sería el primer voluntario de la Cruz Roja en Chile en llegar al máximo cargo administrativo de esta noble institución: el de director ejecutivo.

De niño siempre le gustó administrar, liderar y dirigir. Pasó por todos los cargos en sus cursos de colegio, universidad (cuatro años de Derecho) e instituto profesional AIEP, al cual entró en 2015 a estudiar la carrera de Ingeniero de Ejecución en Administración de Empresas, mención Recursos Humanos, en AIEP Barrio Universitario.

Mi experiencia en AIEP fue muy buena y hasta se me hizo algo fácil la carrera porque yo ya tenía la costumbre de leer y estudiar mucho cuando tras cuatro años de Derecho, aunque los ramos más matemáticos no se me hicieron tan fáciles”, comenta. Y el promedio así lo reflejó.

Pero sus méritos académicos no se quedaron ahí. El 2017 se convirtió en el primer estudiante de AIEP BUS en ganar la Beca Santander Iberoamérica, para estudiar un semestre fuera de Chile. En febrero de 2018 agarró sus maletas, los 3 mil euros de la beca, algunos regalos y apoyos de sus amigos y familia, y se fue a la ciudad de Almería, en España, a cursar durante seis meses un curso de ADE (Administración y Dirección de Empresas).

Al regresar terminó la carrera en AIEP -esta vez en modalidad vespertina ya que durante ese año 2019 trabajó en la Municipalidad de Colina- y al poco tiempo fue llamado por la jefa Nacional de Especialidad de la Escuela de Negocios de AIEP, Ana María Betanzo, para que fuera docente en módulos de administración y recursos humanos. Vocación y trabajo que sigue ejerciendo en la actualidad.

Trabajar en recursos humanos es lo mejor del mundo, porque me permite generar instancias de preocupación por las personas en sus trabajos, desde que postulan hasta que se retiran”, afirma, pudiendo abordar, entender y ayudar -literalmente- al recurso humano, a la persona como tal.

DE LA BASE A LA CIMA

El niño Felipe creció también con la imagen de su abuelo militar. Un Sub Oficial de la Brigada de Operaciones Especiales (BOE), y un tiempo quiso ser como él. Pero, si bien al pequeño Felipe le gustaba dirigir, organizar y liderar, no era muy de obedecer. Así que su vocación temprana derivó en enseñar.

Quiso, antes de salir del colegio, ser profe de Historia, pero justo le tocó el período en que las horas de Historia se fueron eliminando y su profesor de la materia le dio a entender, en pocas palabras, que mejor optara por otra vocación. “Me dijo que como profe de Historia me iba a morir de hambre”, sentenció.

Finalmente, optó por “Leyes”. Pero siempre a contrapelo, porque nunca le gustó. Tanto así que en cuarto año dijo “no va más”, se retiró e ingresó a AIEP donde encontró su verdadera vocación. Felipe es voluntario de la Cruz Roja Chilena Filial Esmeralda Colina desde su niñez, ingresando en el libro de voluntarios el año 2005 y logrando tener los cargos de director de Juventud, de Comunicaciones, secretario nacional y recientemente fue nombrado director ejecutivo (el más joven en los 118 años de historia de la institución en Chile y el primer voluntario en llegar a la cima). Y, además, el 2019 recibió la tercera medalla de honor de la Cruz Roja Chilena.

TRABAJANDO POR CHILE

Felipe sueña con posicionar a la Cruz Roja Chilena en el lugar que se merece y que todo el país sepa del gran servicio que hace a nivel nacional con la ayuda de 3.500 voluntarios y recursos escasos que él quiere administrar de la mejor manera posible. “Acá no sobra ni un peso. Nos financiamos de aportes privados, algunos recursos por arriendos de propiedades, proyectos y donaciones de empresas, pero cada peso tiene que ser gastado y rendido”, asegura.

Por eso él se siente “en su salsa”, administrando las platas y, sobre todo, el recurso humano de la organización, el cual ha sido fundamental en estos años de pandemia no solo asistiendo en los vacunatorios. También brindando todo tipo de apoyo a las personas desde psicológico hasta entregando alimentos, salud y esperanza a inmigrantes en los rincones más alejados del país.

Este trabajo, más la docencia en AIEP, tienen a Felipe convertido en un hombre pleno y feliz antes de los 30 años, con ganas de seguir durante años en el cargo mejorando la gestión de la institución y llevando sobre sus hombros esta Cruz Roja que lejos de ser una carga para él es una verdadera bendición.



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