LAS SEIS “D” PARA EL ÉXITO DE UNA ORGANIZACIÓN

Vivimos en un mundo cambiante, flexible, modernizador, donde la tecnología crece exponencialmente para generar ecosistemas internos y externos de innovación disruptiva, para apalancar la sostenibilidad institucional con nuevos modelos de gestión acordes a las realidades propias de la organización y a su entorno colaborativo (stakeholders).


Frente a esto la generación de ideas es fundamental, debiendo dejar de lado las estructuras conservadoras o burocráticas internas, ya que ello impacta negativamente en el desarrollo y resultados de los proyectos o iniciativas que se fijan de forma temporal, por la lentitud de procesos. Los nuevos conceptos y formas de abordaje dan lugar a libros como Administración: tradición y renovación de Omar Aktouf (2001), donde se trata, entre otros temas, el rol del ser humano en las organizaciones, que trasciende sus funciones dentro de la empresa, y cuyo bagaje y experiencia pueden generar aportes mayores. Esto va más allá de procesos, métodos y controles: da lugar a una nueva forma de trabajo que busca una relación de ganancia a través de la “libertad” con el trabajador, con el ser humano a quien se da a conocer el propósito de la organización. El ser humano debe saber qué hacer —y por qué—, para poder brindar a las organizaciones el cómo, en un conjunto activo de creación, permitiendo que el ser humano brille, trascienda y tenga un propósito que de sentido a su crecimiento personal y profesional.


Debemos entender que la abundancia de datos y recursos tienen que ser dinamizadores en la misma organización, equipos de trabajo y cadena de valor. De hecho, las revoluciones tecnológicas se suceden en plazos de tiempo cada vez más cortos. Estos ciclos se retroalimentan entre sí, por lo que seguiremos viviendo en un mundo en constante cambio.


Ya el año 2015 el primer ministro japonés, Shinzo Abe, junto a la federación empresarial (patronal) Keidanren, lanzó su concepto de Sociedad 5.0, que se ha situado como elemento central en la Estrategia Integrada de Innovación (aprobada en junio de 2018) “para hacer de Japón el país más innovador”. Así también, tenemos a China, cuyo objetivo es que la ciencia y la tecnología supongan el 60% del crecimiento económico del país. A largo plazo, las autoridades del gigante asiático se han propuesto que China lidere la innovación mundial en 2050. En particular, el plan quinquenal prevé aumentar la inversión en I+D del 2,05 % del PIB al 2,5 %. En términos cualitativos, China priorizará el desarrollo de áreas concretas como las comunicaciones y la computación cuánticas, la seguridad cibernética, el uso eficiente del carbón, los robots médicos, industriales y militares; la investigación genética, la neurociencia, las aplicaciones de Big Data y la exploración del espacio, las profundidades oceánicas y las regiones polares.


La transformación digital –que tiene en su núcleo en la IA, la robótica, el Internet de las Cosas, blockchain, junto con los datos y otras tecnologías disruptivas – se va a expandir para englobar a todo y a todos, generando una sociedad centrada en lo humano que equilibra el progreso económico con la resolución de problemas sociales mediante un sistema que integra de forma avanzada el ciberespacio y el espacio físico.


¿Cómo nos podemos adelantar? Creando liderazgos exponenciales encausados través de cuatro enfoques o áreas: humanista, tecnológico, futurista e innovador. Cada uno de ellos, requiere de competencias, habilidades y actitudes propias, a través de las 6 D´s exponenciales:


Digitalización.- Cualquier tecnología que se precie de ser digital, y cuyo alcance sea masivo y global, permite la automatización y aumenta la velocidad en la realización de tareas que incrementen la escalabilidad.


Decepción.- Cualquier iniciativa exponencial digital entra directamente en un periodo de decepción.


Disrupción.- El crecimiento exponencial acelerado se convierte en disruptivo, y casi nunca viene del status quo.


Desmaterialización.- Cuando algo es realmente disruptivo, ocurre que se desmaterializa, es decir, que físicamente desaparece, tal como las cámaras de fotos o el GPS, ahora incorporado en los teléfonos móviles.


Desmonetización.- Una vez que algo se ha desmaterializado, se desmonetiza y pierde valor. Si no existe físicamente no se puede pagar por ello.


Democratización.- Una vez que algo se desmaterializa y se desmonetiza, pasa a ser totalmente democrático, es decir, que todos lo podemos utilizar.


Vivimos dentro de un mundo basado en información que se mueve exponencialmente, lo que nos ha llevado a escalar la tecnología, por ello aplicar el modelo de las “6 D” puede permitirnos avanzar y no quedarnos en un estado estático que irremediablemente lleve a una crisis organizacional.


Clery Neyra, vicerrectora de Transformación y Nuevas Soluciones AIEP.



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