Diseñando las estrategias para una educación híbrida y flexible

La educación híbrida es un concepto que se ha estado instalando con fuerza en el último tiempo y fundamentalmente tras las experiencias que ha ido dejando la pandemia. Cuando hablamos de educación híbrida, sin embargo, creo que es bueno establecer que, en rigor, no estamos haciendo nada realmente nuevo en esencia.


Lo que ha sucedido es bastante positivo pues se ha ido reconociendo el valor que tienen la educación a distancia sobre Internet asincrónica y la redescubierta, para algunos, educación a distancia sobre Internet sincrónica, como alternativas a la educación presencial.


Y junto a ellas el establecimiento de mezclas predeterminadas. Así, hoy las instituciones de educación superior tienen dentro de sus posibilidades diseñar sus despliegues en términos de mezclas de sesiones presenciales y a distancia sincrónicas, además de las horas lectivas online asincrónicas y, por supuesto, el trabajo personal de los estudiantes.


Si bien de seguro es posible encontrar experiencias previas de este tipo, no fue sino hasta después de los dos años más crudos de la pandemia -cuarentenas incluidas- que se puso en valor la posibilidad por un lado de mezclar formatos, y por otro, la conveniencia de su existencia y disponibilidad.


Al comenzar el regreso paulatino a la presencialidad, dejando algún trabajo online sincrónico, empezamos a hablar de educación híbrida. Lo mismo pasó con el trabajo que mezcla teletrabajo con asistencia física a las oficinas. También se le ha llamado modo híbrido.


Más que un nombre, lo importante es referirse al concepto, a la mezcla. Ahora bien, haciendo un acercamiento algo más profundo, esto se trata más que una mezcla meramente operativa o, incluso, arbitraria. Recoge o debe recoger aspectos del perfil de los distintos tipos de estudiante, características de los programas de estudio para los cuales se definen prácticas híbridas e incluso consideraciones, transitorias o permanentes, propias de las instituciones.


Ante la emergencia, es cierto que factores más operativos han imperado. Por ejemplo, al volver de las cuarentenas se mantuvieron aforos ya sea obligados por las autoridades en algunos países o por precaución propia de algunas instituciones. Se privilegió la presencialidad para el trabajo en actividades de laboratorios o talleres que no podían ser sustituidas por tecnología.


Pasada la emergencia se hizo notorio que postulantes y estudiantes encontraron atractivo un modelo híbrido, atendiendo a sus gustos, estilos, preferencias y posibilidades de vida. Y a algunas instituciones nos ha parecido atractivo, a la vez, atender a ese grupo de estudiantes con ofertas académicas formales diseñadas para ser desplegadas de manera híbrida, abriendo espacio para dictar carreras con una fuerte carga a distancia pero que requieren horas de presencialidad.


Alguno preguntará ¿No es eso la semipresencialidad de toda la vida? Si bien es semipresencialidad, la novedad es la inclusión de sesiones online sincrónicas, las que son preferidas por algunos estudiantes que privilegian el tiempo real, la oralidad y los tiempos fijos que les ayudan a su autogestión. Esto en comparación con la modalidad online en su variante asincrónica, mucho más expandida a la fecha.


Entendiendo la variabilidad de estudiantes, hoy AIEP presenta en su oferta académica diversos formatos resultantes de la combinación de modalidad, jornada y programación y que, para la modalidad, incluso hace distinción entre a distancia asincrónica y a distancia sincrónica.


EDUCACIÓN FLEXIBLE


Hoy las instituciones deben entender a cabalidad los desafíos que los requerimientos que los postulantes y estudiantes les imponen. Y a partir de ello decidir de cuáles hacerse cargo y en qué medida.


Parece una nueva regla esencial hacerse cargo de dichos desafíos ofreciendo flexibilidad, que cada institución graduará conforme su propio proyecto educativo. La flexibilidad tiene muchas formas de expresarse. Desde la tal vez más compleja -la flexibilidad curricular- a la flexibilidad formativa.


Respecto de esta última, pondré el foco en cuatro familias de desafíos para las instituciones respecto de la flexibilidad formativa en cuanto a ofrecer más de un formato de estudio, incluyendo por cierto la educación híbrida:


1. Debe haber voluntad y decisión de la alta dirección. Debe haber formalidad, incorporación de definiciones en el modelo educativo y una estrategia clara.


2. Se debe establecer un vocabulario claro que permita realizar distinciones tanto hacia los públicos externos como hacia el interior de la comunidad de la institución. Primero a los administrativos y luego al cuerpo académico o docente.


3. Se debe entender que no todas las clases son iguales y que no da lo mismo la modalidad ni la variante dentro de ella. Si bien siempre se deberán perseguir los mismos aprendizajes para cumplir a cabalidad los perfiles de egreso que correspondan, para cada forma de entrega de una carrera se deben definir las metodologías propias más adecuadas y contar con un equipo docente formado, acompañado y que aplique efectivamente dichas metodologías.


Particularmente, debe notarse que una sesión online sincrónica no es idéntica a una sesión presencial física, por más que duren el mismo tiempo. No se debe improvisar y se debe definir y orientar sobre cómo llevar adelante sesiones sincrónicas.


4. Finalmente, se deben considerar desafíos técnicos y operativos, tanto aquellos propios de la institución como también los que afectan a los docentes y a los estudiantes, y no confiarse en que cada parte entiende y se hace cargo, porque normalmente no es así. Debe haber consideraciones conscientes y orientaciones y, en algunos casos, normativas y acuerdos contractuales.



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