Día de la Mujer: ¿Qué celebramos y qué nos falta por celebrar?

Hoy mujeres y hombres estudian juntos, en las mismas instituciones, en las mismas salas de clases y con los mismos contenidos. Sería impensado que un profesor decidiera entregar menos información o menos herramientas a sus estudiantes mujeres o que optara por realizar pruebas separadas por género. Aunque parezca insólito, no hace mucho tiempo la historia era distinta. Hace menos de 200 años, la Constitución de 1833 estableció la educación como un objetivo fundamental del Estado, casi treinta años después se promulgó la Ley General de Instrucción Primaria de 1860, la que ayudó a masificar la educación básica gracias a la construcción de escuelas públicas. Buenas noticias para la educación, pero no para las mujeres. En ninguna de estas iniciativas el Estado consideró a las mujeres como sujeto dignos de ser educados, simplemente se desentendió. Durante casi todo el siglo 19 la educación femenina fue precaria, mayoritariamente privada y religiosa. No era una prioridad para el Estado chileno, sin embargo comenzaron a aparecer los primeros liceos femeninos, aunque estaban más enfocados en preparar a las niñas a ser buenas dueñas de casa que formarlas para el mundo del trabajo o para que continuaran estudios superiores. Recién en 1877 se aceptó el ingreso de las mujeres a las universidades, aunque seguían existiendo curriculum educacionales diferenciados para niños y niñas, por lo que las mujeres continuaban en franca desventaja en la educación superior, faltaban aún 30 años más para que se igualaran los planes de estudio de niños y niñas, y hubo que esperar hasta 1920 -hace menos de 100 años- para que la Ley de Educación Primaria Obligatoria estableciera la obligación del Estado de garantizar el acceso a la educación primaria a niños y niñas, ambos por igual. Es curioso ver cuánto ha cambiado el mundo desde entonces, y cuán poco han cambiado algunos paradigmas. El año 2015, una encuesta Adimark reveló que más de la mitad de los chilenos consideraba que la familia se descuida si la mujer trabaja a tiempo completo, esta percepción era incluso mayor entre las mismas mujeres (55%) que entre los hombres (51%). Con estas cifras no es raro que en nuestro país menos del 50% de las mujeres participa en el mercado laboral. Hoy conmemoramos el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, más conocido como el Día Internacional de la Mujer, en gran parte del país se entregaran flores y chocolates, se celebrará como una fiesta, pero no debemos olvidar que este día está dedicado a los esfuerzos de tod@s quienes han trabajado para lograr una participación igualitaria de la mujer en la sociedad, tanto desde el punto de vista de los derechos, como de las oportunidades. Como mujer trabajadora y madre de cuatro hijos, creo que nuestra sociedad está muy lejos de proveer igualdad de oportunidades a las mujeres en el contexto laboral. Podríamos hacer varios análisis tecnicistas, pero prefiero finalizar con una reflexión más personal:Vivimos en un país en que todavía se considera la posibilidad de embarazos antes de contratar a una mujer, y en el que todavía algunos contratantes piensan que nuestro salario es “un segundo ingreso”. Un país en que la mayoría de los colegios y jardines suponen que podemos y debemos ir a buscar y a dejar niños a la hora que sea (y ojalá a varias horas distintas en el día), suponiendo que siempre las mujeres tenemos más tiempo libre o no estamos insertas en el mundo laboral.Un país donde aún nos pagan menos, jubilamos antes y vivimos más. Una mujer jubilada recibe un 60% de lo que recibe un hombre que ganaba lo mismo. Un país en que nuestros planes de isapres nos cuestan más del doble que el de un hombre de la misma edad, independientemente de que no estemos ni pensando en la maternidad. Si el post natal pudiera ser compartido, si no nos jubilaran a los 60, si los colegios no asumieran que tanto madre o padre pueden ser apoderados con igual grado de involucramiento, si la Isapre considerara que nos embarazamos, pero no nos infartamos a los 45, a lo mejor estaríamos avanzando más como sociedad. Los gananciales que hemos obtenido con el transcurso del tiempo son producto del sacrificio y tesón de nuestras mujeres, de muchas de nuestras madres que nos ayudan a cuidar nuestros hijos, de algunas de nuestras parejas conscientes y respetuosas. Pero como sociedad seguimos en deuda. Este día perpetua la memoria de aquellas que nos precedieron en este camino, y nos recuerda el compromiso que debemos tener para lograr una sociedad en la que todas las mujeres puedan desarrollarse profesional y personalmente en equidad, crecer y opinar libremente, y vivir su vida según sus propias decisiones, y no de acuerdo a lo que les diga o permita un tercero. Y esto no es tarea de las mujeres, es tarea de todos.



María Loreto Ferrari, Vicerrectora Académica de AIEP.



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