Estudiantes AIEP relatan su experiencia en programa "Tu Oportunidad" de ONU Mujeres

11-05-2021

La iniciativa fue implementada en Chile en fase piloto junto a otros cinco países en distintos continentes.

Estudiantes de la Escuela de Desarrollo Social y de la Escuela de Negocios de tres regiones, se unieron como voluntarias a la iniciativa "Tu Oportunidad", de ONU Mujeres, un programa piloto ejecutado por AIEP donde las participantes pudieron desarrollar sus herramientas profesionales, pero también aportar de primera mano a la realidad de cientos de mujeres.

Conversamos con dos de ellas acerca del valor que ven en este tipo de iniciativas, que buscan disminuir las brechas entre mujeres y hombres para fomentar una sociedad cada vez más equitativa.

“TENÍA QUE SER UN APORTE PARA LA MUJERES”

Cuando me enviaron la información, yo me inscribí inmediatamente”, asegura la estudiante de cuarto año de Trabajo Social de AIEP San Joaquín, Jovanka Marchant. Este programa piloto, aplicado en una primera etapa en Camerún, Jordania, México, India y Australia, además de Chile, representó para ella la oportunidad de trabajar con mujeres en quienes se vio profundamente reflejada.

Yo viví todos los tipos de violencia”, cuenta, “entonces sentía que tenía que ser un aporte para las mujeres de mi país (…) aunque fuera solo una mujer que pudiera sentir que puede salir adelante”.

El programa, denominado Second Chance Education en su versión original y que en esta versión piloto congregó a estudiantes de la Región de Antofagasta, Metropolitana y de La Araucanía, busca empoderar a las mujeres a través de herramientas financieras, pero también a través de otro tipo de herramientas que buscan potenciar sus distintos talentos, con el fin de invitarlas a dar los pasos que les permitan mejorar sus vidas.

“En este proceso, he escuchado miles de historias de mujeres que han vivido violencia intrafamiliar”, cuenta por su parte la estudiante de segundo año de Trabajo Social de AIEP Barrio Universitario, Andrea Cerda, “y el programa les ha ayudado a cambiar su switch y salir adelante sin miedo y con la convicción de que son capaces de todo”.

Al igual que Jovanka, Andrea sintió la motivación a unirse al programa desde el primer minuto. “Me gustó el programa porque me ayudaba en el curriculum, pero sobre todo por lo que podíamos generar en la vida de mujeres vulnerables regalándoles unos minutos de nuestro tiempo”.

EL ROL DE AIEP

El coordinador del programa en AIEP, Felipe Fernández, explica que el rol de la institución estuvo enfocado en “implementar una gran fase que tiene por objetivo empoderar económicamente a las participantes. Esto incluye su fortalecimiento en temas de género, la visualización de sus metas en términos económicos y la participación en instancias de aprendizaje valiosas, como son las mentorías”.

Los y las estudiantes que se sumaron como voluntarios, tuvieron que capacitarse en materias de género con el fin de estandarizar herramientas que les permitirían convertirse en un real aporte para las beneficiarias.

“También observamos la necesidad de entregar contenidos lo más pertinentes posibles para la vida de las participantes”, agrega Felipe, “con un lenguaje simplificado y aplicado a la realidad de cada una”.

UNA VULNERABILIDAD TRANSVERSAL

“Hay mujeres que viven en el Valle de Azapa en Arica, otras en Chiloé y otras vienen de lugares muy acomodados”, explica Jovanka. “Por ejemplo, trabajé con una mujer de Pucón que tenía una carrera profesional, pero ella quería emprender (…) es muy amplio el tipo de mujer que abarca este programa”.

Y es que la vulnerabilidad no solo se mide en términos financieros. Existen debilidades en todos los sentidos. “Hay mujeres de todo tipo de nivel socioeconómico, cultural y social, por ejemplo mujeres que ni siquiera saben qué es un enlace, qué es Zoom”.

“Hoy en día donde la mujer está tan desprotegida en todo ámbito y en donde aún no existen grandes estrategias para que aquello cambie”, agrega Andrea, “y en el programa se les entrega grandes herramientas para que puedan ser gestoras de sus cambios”.

“NO PODEMOS QUEDARNOS IMPÁVIDOS”

Las voluntarias cuentan que estuvieron constantemente dedicadas a las mentorías que desarrollaron junto a grupos de hasta 25 mujeres, según aseguran. En estos espacios apoyaron a las beneficiarias en alcanzar una meta de desarrollo propuestas por ellas mismas, según sus intereses.

En este sentido, Felipe Fernández asegura que en 2020 se resaltó la importancia de mantener espacios de confianza con las voluntarias, para apoyarlas en esta intensa tarea. “Aprendimos acerca de la necesidad de tener una comunicación efectiva con las participantes, mantener espacios para compartir opiniones y que, sobre todo, se sintieran acompañadas”.

“La sororidad la he aprendido en este programa”, cuenta por su parte Jovanka, acerca de un espacio que para ella se trata de “ayudarnos, apoyarnos, darnos fuerza, de escucharnos”.

Mientras, Andrea asegura que este tipo de iniciativas nos llaman a la acción. “No podemos quedarnos impávidos y dejar pasar estas oportunidades, donde podemos ser actores principales y ayudar a muchas mujeres a cambiar su vida o parte de ella”.



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