Educación emocional: aprendizaje para toda la vida

Sin lugar a dudas el coronavirus ha afectado la salud de millones de personas en el mundo y de miles de compatriotas desde el inicio de esta pandemia, lamentando la pérdida de vidas de más de 300 personas en el país, pero, asimismo, viéndose dañada la dimensión emocional y mental de parte la ciudadanía.


Ello se corrobora con el aumento de denuncias de maltrato intrafamiliar. Según un reporte entregado por el Ministerio de la Mujer y Carabineros esta semana, los llamados al 149 y al 1455 aumentaron un 60% desde que inició la emergencia sanitaria en marzo, invitando a analizar las problemáticas que hay detrás de esto desde lo social, pero también en la educación desde temprana edad a manejar los aspectos emocionales de nuestras relaciones.


Según las cifras OMS, Chile está enfermo emocionalmente, tenemos ejemplos a diarios de casos donde la impulsividad, la ira, la rabia y el menosprecio están ganando la batalla, caso de bullying que invaden los noticieros, hombre y mujeres que dañan a niños porque no fueron capaces de controlar su impulsividad, son claros indicios que debemos hacer algo. Asimismo el organismo indica que, hoy en Chile, un 17% de los jóvenes sufren depresión. Este es un claro síntoma de la crisis emocional que vive nuestro país.


Un primer e importante paso en ese sentido se comenzó a cimentar el 19 de diciembre de 2018, cuando los diputados Gustavo Sanhueza (UDI) y Jorge Sabag (DC) presentaron un proyecto que modifica la Ley General de Educación, para que todo establecimiento educacional incorpore la educación emocional de los estudiantes, para el desarrollo de sus habilidades emocionales desde temprana edad, que pone en relevancia el trabajo de varios ámbitos profesionales, como el de las trabajadoras sociales y las psicopedagogas.


En la nueva comunidad que se está construyendo, debemos comprender que lo cognitivo y lo afectivo no son puntos contrapuestos, todo lo contrario, su asociación permite que nos adaptemos a nuestra propia idiosincrasia y cultura, generando una personalidad que podrá enfrentar de mejor forma las circunstancias que se viven a diario y que son dinámicas y cambiantes por naturaleza. Erradamente hemos puesto foco en lo meramente cognitivo y numérico, para después preguntarnos porqué hay deficiencias de habilidades blandas en niños, jóvenes y adultos.


Esto desde la formación inicial puede ayudarnos a prevenir aquellos problemas que conforman la realidad diaria en la sociedad, como son: el maltrato desde la etapa escolar, la violencia de género, embarazo adolescente, bullying, la deserción escolar y laboral, es decir, conflictos que en su génesis se los puede relacionar con el mal manejo o incapacidad de control de las emociones.


Lo anterior se ve expreso de forma explícita en la Declaración de Derechos del Niño, que establece “que los estados convienen en que la educación del niño deberá estar encaminada a preparar al niño para asumir una vida responsable en una sociedad libre, con espíritu de comprensión, paz, tolerancia, igualdad de los sexos y amistad entre todos los pueblos étnicos, nacionales y religiosos”.


Hay un importante avance en Formación Inicial desde año 2018 a la fecha, que se conoce y difunde poco, pero que es de muchas trascendencia en la formación de los niños y niñas, que desde nuestra escuela hemos venido siguiendo y desarrollando en conjunto con la subsecretaría de educación parvularia, a través de un programa de Diplomado abierto a la comunidad sobre Nuevas Bases Curriculares, que incorpora la educación de las emociones, insertándolo a través de las descripciones que desarrolla en cada una de sus objetivos. En conclusión, la educación emocional, será un aprendizaje para toda la vida.


Carmen Gloria Beroíza, directora de la Escuela de Desarrollo Social de AIEP.



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