Televisión: ¿un medio en vías de extinción?

Informar, entretener, educar. Son algunos de los propósitos comunes a la mayoría de los medios de comunicación. Hasta los inicios del siglo XXI, esta misión radicaba en tres grandes actores: la prensa escrita, la radio y la televisión.


Hoy la baraja cambió radicalmente. La irrupción de internet y los avances notables alcanzados en términos de almacenamiento, gestión y transmisión de contenidos audiovisuales a través de la red, han obligado a estas industrias a repensar su modelo de negocio.


La prensa escrita migró rápidamente hacia un mix papel – electrónico; la radio hizo lo propio a través de estaciones online abriendo el espectro de la oferta, a la vez que focaliza las audiencias. La inversión en publicidad se vuelca rápidamente hacia los medios digitales: este año, un 54,2% de la inversión se realiza en dichas plataformas.


Hoy queda la sensación de que la televisión se quedó atrás: inmersa en una difícil convivencia con las compañías de cable, viviendo su propio proceso de transformación digital (televisión digital terrestre), la televisión como la conocimos los mayores de 40 años evoca hoy un animal pesado, en vías de extinción.


¿Será éste el fin de la televisión? No lo creo. Es posible pensar en una transformación, similar a la que vivió la radio, apostando por las fortalezas del medio y sincerando los cambios de paradigmas.


Es evidente que la televisión perdió la hegemonía del género de la ficción: las plataformas OTT, que libran su propia batalla, son los encargados de entregar series y películas de ficción, on demand, a bajo costo. Esto plantea la necesidad de potenciar las fortalezas del género televisivo junto con abrazar los cambios tecnológicos y sociológicos del siglo XXI.


Una de las principales fortalezas del medio sigue siendo la misma que lo trajo al mundo: el vivo. Noticias, debates, deportes, grandes eventos; con la tensión inherente a la transmisión en vivo, los errores, los aciertos, la improvisación. Aún hoy día, la televisión es líder en la maestría del show en vivo. Son décadas de construcción de un lenguaje audiovisual nacido en aquellos grandes galpones, otrora llenos de público.


Desde la perspectiva tecnológica, se debe enfrentar el hecho cierto de que todas las comunicaciones se darán tarde o temprano a través de la red: hoy el 80 % de los contenidos que circulan en internet son audiovisuales. La omnicanalidad, las múltiples pantallas y la interactividad son parte del piso para los nuevos auditores. También es importante cambiar radicalmente los mecanismos de medición de audiencia.


Y a propósito de audiencias. Quizás el cambio más relevante deba darse en el ámbito de las líneas editoriales: se debe considerar el perfil de las nuevas audiencias, la demanda apunta claramente hacia otro tipo de comunicación: identidad, diversidad, tribus, globalidad, interculturalidad.


Por eso hoy la tentación de apagar la tele es grande, internet por un lado es un bombardeo continuo de información diversa; en la otra vereda, en cambio, si finalmente decido encender el equipo y “navegar” por los canales de televisión abierta, es probable que me encuentre con los mismos contenidos, a la misma hora, el mismo comentario y probablemente la misma imagen.


¿La televisión ha muerto? No lo creo, pero tiene que atreverse: más vivo, menos audiencia, más identidad, más canales, más debate, más cultura. El lenguaje audiovisual y el story telling, son parte del ADN de este medio entrañable. Solamente hace falta que vuelva a conectar.


Por Raphael França.


Director de la Escuela de Sonido, Televisión y Locución de AIEP.








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